domingo, 11 de agosto de 2019

Crónicas de Vida y Muerte

Hoy se cumplió la semana a la que más he temido en mi vida, y no fue en vano,  pues en efecto fue de las peores que de mi vida hasta el momento. El trabajo estuvo tenso y pesado, mis ánimos fueron mermando y extinguiéndose poco a poco mientras más cerca estaba del fatídico 11 de agosto... Todo como parte de una crónica funesta que me indicaba que el día de hoy iba a ser tan insoportable como mis peores miedo profesaban. Con todo esto en mente no tenía más que encontrar alguna forma de soportar el día sin querer golpear mi cabeza repetidamente contra una pared, y por esta razón hablé con mis amigos más cercanos para que tuviéramos una tarde de charlas y discusiones que me alejaran de cualquier pensamiento respecto a este día específico. Uno de ellos quiso invitar a otro conocido para que compartiera con nosotros ya que él parecía tener la intención de ayudarme a no sentirme mal, y pese a que esta persona es un poco complicada de tratar, no vi mal (y no pude negarme tampoco) en que asistiera.

Y para los que no hayan leído mis anteriores publicaciones y todavía no sepan que es exactamente lo que está ocurriendo, hoy sería el sexto aniversario de una relación que terminó hace alrededor de 3 meses y que me ha cobrado lagrimas, felicidad y una gran parte de mi sanidad mental. Con esto explicado continúo con este fatídico día.

El día de hoy solo quería hablar y olvidar, algo que pensé que había quedado claro entre las personas que estaban invitadas a esta reunión, pero mi mayor error fue creer que eso era algo lógico para los demás. Para que la explicación genere el impacto que sentí debo narrar la sucesión de los eventos desde el inicio, al encontrarme con mis primeros amigos, dos de cuatro que debían llegar, con los cuales comencé una charla normal sobre universidad, trabajo y vídeo juegos, lo que es bastante típico entre nosotros. Esta conversación logró ir relajando poco a poco mi tensión, ya que nos habíamos encontrado en un centro comercial y la paranoia del día me gritaba al oído que en cualquier momento podría encontrarme con mi ex por azares del maldito destino. Esta conversación me hizo sentir que podría tener paz y que mi día podría pasar sin penas ni glorias, pero no podría estar más equivocado, al cabo de unos minutos recibí un mensaje de las otras personas diciéndome el punto de encuentro para todos.

Mi sonrisa desapareció al encontrarme con la desagradable sorpresa de que mi conocido se encontraba con su esposa también, con la cuál no trato mucho en realidad. Y no quiero que esta narración parezca como si la odie o algo por estilo, la gravedad del asunto era que el día era para poder despejarme de mi reciente ruptura y lo que significaba ese día para mí, el tener a una mujer ahí era lo que menos esperaba al invitar a mis amigos a charlar conmigo.

La excusa de su presencia fue que ella también iba a encontrarse con sus respectivas amigas en un rato y que no iba a pasar la tarde con nosotros por que era "tarde de chicos" o algo por estilo, pero estas palabras se sintieron como escusas ridículas ya que sus amigas nunca aparecieron y ella terminó pasando toda la tarde con nosotros. La tensión había vuelto y los temas de conversación se habían sanjado, con la inclusión de estas tres personas parecía que ya no podía hablar de forma regular. Estuve calmado tanto como pude pero la tarde no pudo diferir más de lo que quería o esperaba para poder entretenerme, y de alguna forma no me sentí tan inquieto y ansioso como me había sentido el resto de la semana, pero por supuesto que algo más tenía que ocurrir.

Al despedirme de todos, acompañe a uno de mis amigos a un supermercado cercano por unas compras que debía hacer, y ahí fue cuando mi día se terminó de arruinar. La ansiedad me invadió y no pude dejar de sentirme inquieto e incómodo, me encontraba en un lugar al que ella podría llegar, un lugar en el que podría girar en una esquina y que al entrar al pasillo la vería de frente. Mientras estuviera ahí no iba a estar tranquilo, pero todavía debía esperar a que mi amigo terminara de comprar. Sentía como mis sentimientos se volcaban y no parecían tener sentido, estaba a punto de llorar sin ninguna razón aparente, veía constantemente para todos los lados posibles con el miedo infundado de verla, y lo que más me daba miedo no era solo verla, era verla feliz... Y no es como si no le deseo la felicidad, pero no hubiera soportado verla feliz hoy mientras yo estaba al borde de la locura por el solo hecho de estar parado en un lugar donde existe una mínima probabilidad de verla.

Aún mientras escribo esto me siento ansioso y un poco asustado, pero hoy decidí que esta sería la última vez que me sentiría así. Durante todo el día siempre esperé que, contra todo pronostico, ella quisiera hablar conmigo y arreglar las cosas, aunque eso no fuera racional, pero es más que obvio que yo quería celebrar este día con ella más que con cualquier otra persona. Mi decisión fue darle el último día de oportunidad de hacer esto, de contactarme e intentar arreglar las cosas para ambos, y ya que no recibí ninguna señal divina ni mundana respecto a este pequeño atibo de esperanza, solo voy a abandonarla por completo y continuar (aunque es obviamente más fácil decirlo que hacerlo).

En todo caso, el día del horror ha llegado a su fin y doy gracias de que siga vivo de alguna froma. El título que escogí para hoy es el nombre de una buena canción de la banda "Good Charlotte", y la razón es la excelente frase: "Hoy podría ser el mejor día... Hoy podría ser el peor día... Hoy podría ser el último día de tu vida", y ya no quiero perderme ninguno de esos días, por lo que a pesar de mis sentimientos, voy a avanzar más y más hasta donde pueda llegar.

Nuevamente gracias por leer los pensamientos de un pobre hombre que necesita expresarse, los espero en la próxima entrada y espero que tengan una excelente vida.

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